sábado, 27 de abril de 2019

La esposa prudente - Herencia preciosa del Señor


La esposa prudente: Herencia preciosa del Señor


La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente” (Prov. 19:14).

Aunque Dios es el dueño de todas las cosas, y toda buena dádiva procede de él,  los padres son los responsables en dejar herencia a sus hijos. Con su trabajo, esfuerzo, ahorro, buena administración; todos los bienes que los padres acumulan, generalmente, llegan a ser posesión de los hijos.

No obstante, dice el sabio proverbista, hay un bien sublime que algunos hombres obtienen, pero no por herencia de los padres, sino por la Providencia divina: la mujer o la esposa prudente. La prudente “esposa no se hereda; se la encuentra en el lugar y el momento que Dios dispone"[1].

Por lo tanto, todo varón que desea casarse en el Señor, debe hacer suya la oración constante para que la Providencia le otorgue una esposa con esta característica. Pues, una mujer así, es real ayuda idónea y complemento perfecto para el hombre de Dios.

Cuando un hombre encomienda con sinceridad su búsqueda de esposa al Señor, y la halla, de esta relación podrá decirse lo mismo que Génesis 24:50 dice de Isaas y Rebeca: “De Jehová ha salido esto”. El matrimonio contó con la bendición del cielo. Otro ejemplo se puede ver en Rut la moabita, quien, contrario a toda probabilidad humana, llegó a ser no sólo una esposa prudente y sabia para Booz, sino que fue de gran bendición para su suegra Noemí.

El puritano George Lawson describe a esta clase de esposa diciendo que “la prudencia no solo incluye su habilidad en el gobierno de los asuntos domésticos, sino también el buen sentido que la convierte en una compañera agradable y la mueve a comportarse de tal forma que haga feliz a su marido en la relación. Si a estas cualidades se añade la piedad, la mujer resulta una bendición mucho más grande que cualquiera de las posesiones que los padres puedan legarnos”[2]. Una esposa prudente también instruye a sus hijos con sabiduría, y los encamina por las sendas del Señor.

Vemos las bondades del Señor cuando nos permite recibir bienes materiales de nuestros padres; pero, estos regalos solo pueden hacer la vida terrena más cómoda, con muchas limitaciones; pero el contar con una mujer prudente es una bendición inusual y muy especial para cualquier esposo cristiano, “porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (Prov. 31:10).
Sigue diciendo Lawson:

“El que halla esposa tiene motivos para dar gracias a Dios. Pero aquel que halla una buena esposa tiene multitud de motivos para estar agradecido. Fue Dios quien puso la prudencia en esa mujer, quien hizo que él la conociera, quien le dispuso a escogerla por esposa y quien impulsó a la mujer a decidirse a acceder a los deseos del hombre.

Cuando recibimos un regalo valioso de parte de un amigo, la gratitud nos fuerza a utilizarlo conforme a la voluntad del que nos lo dio. Si la esposa es un valioso regalo que viene de Dios, el marido está obligado a tratarla con todo ese respeto y toda esa bondad que el Señor exige. Cualquiera que sea la reputación que merezca la esposa, Dios ordena a su marido que la ame, pero cuando la esposa es prudente, el marido no tiene excusa para no demostrarle el cariño más tierno.

Si deseas encontrar esposa, debes reconocer a Dios con las súplicas más sinceras; porque solo Él conoce los corazones de los hombres y de las mujeres, y ejerce una influencia soberana sobre sus sentimientos. Pero no oses afrentar a Dios pretendiendo hallar una esposa que venga de Él sin buscar en ella prudencia, antes que casas o tierras; porque Dios declara que la esposa prudente es un don mucho más valioso que esas cosas que son de tanta estima para la mayoría de los hombres. Cuando los hijos desean casarse, no pueden esperar la aprobación de sus padres si hacen una elección totalmente opuesta a la opinión de ellos; ¿y cómo podemos esperar nosotros que nuestro Padre celestial derrama su bendición en propósitos contrarios a su voluntad declarada”[3].

Indudablemente, el gran principio que podemos extraer de este pasaje es que el hombre creyente debe buscar la dirección divina a la hora de encontrar esposa. Sin la búsqueda de esta dirección, el hombre está destinado a arruinar su propia vida.

Ejemplo de esto es Sansón, quien se casó una mujer totalmente opuesta a la prudencia, y su fin fue desastroso. Ananías, quien siendo mentiroso, se casó con Safira, una mujer de su misma calaña, la cual, si hubiese sido prudente, le hubiera ayudado a mortificar su pecado.

Pero, siendo que me dirijo en especial a las mujeres: ¿Cuál es el principio fundamental para tu vida que podemos extraer de este pasaje? Hermana, cultiva la prudencia. Administra bien tu tiempo, crece en sabiduría divina meditando más en la Palabra de Dios, controla tu lengua, no te apresures en el juicio, sé misericordiosa, afable y apacible; sé hacendosa, laboriosa y ahorradora. Creciendo en estas virtudes, podrás ser considerada un regalo precioso del Señor para tu esposo.

No te cubras de aquellos artilugios que terminan confundiendo tanto a los hombres incautos, los cuales, al verte esculpida por la modista, el peluquero, el joyero y el maquillador; creen haberse encontrado con una hija de Sara o de Rebeca o de la virgen María; cuando, en realidad, no es más que pura fantasía, la cual se oxida, como abalorio sin valor, cuando es sometida a las dificultades del matrimonio.


[1] Henry, Matthew. Comentario Bíblico. Página 689
[2] Lawson, George. Comentario a Proverbios. Página 467
[3] Lawson, George. Comentario a Proverbios. Página 467

martes, 16 de abril de 2019

Esposas- Corona o cáncer


Esposas: Corona o cáncer





Esposas: Corona o cáncer

La mujer virtuosa es corona de su marido; mas la mala, como carcoma en sus huesos” (Prov. 12:4).

La Biblia dice que el que haya esposa halla el bien y alcanza la benevolencia de Jehová (Prov. 18:22), pues, fue Dios mismo quien dijo que no es bueno para el hombre estar solo, por lo tanto, él le hizo ayuda idónea.
No obstante, cuando esta mujer, que debe ser ayuda idónea, a causa de sus propios pecados y concupiscencias, se convierte en una mala mujer, es decir, en vez de ayudar a cumplir el propósito divino para el matrimonio se convierte en un estorbo y fuente de contiendas, es comparada con un cáncer, con la lepra o con una enfermedad que causa podredumbre.
Quisiera compartir con ustedes algunos comentarios de este pasaje que serán de gran bendición para toda mujer que ama al Señor y desea crecer en virtud:

Empezaremos con el puritano George Lawson[1].

“La mujer virtuosa teme al Señor, respeta a su marido, gobierna su casa con prudencia y cuidado, se muestra caritativa con los pobres y trata a los demás con amabilidad.
¿Con qué compararemos a una mujer como esta? ¿La asemejaremos a un brazalete, o diremos que es un collar de oro para su marido? Tales comparaciones la dejarían por debajo de su valor.
Ella le hace tan feliz como un rey, y le procura tanto respeto y honor que merece que la comparen con ese ornamento real que se ciñe a la cabeza de los monarcas.
Para su marido, ella es una corona adornada con esas encantadoras virtudes que brillan con un resplandor más radiante que los diamantes de Oriente.
Ella es salud para los huesos de su marido, porque al contemplar su afable comportamiento, y el placer de su compañía siempre le inunda esa alegría que tiene el mismo efecto que una medicina.
Pero la mujer que carece de virtudes avergüenza a su marido y es “como podredumbre en sus huesos”. Su mal genio o su comportamiento apasionado, sus gastos desmesurados o su avaricia sórdida, la ligereza de su conversación o sus vicios escandalosos, (sus celos, su mal genio, sus constantes sospechas o acusaciones) le hacen a él objeto de lástima y desprecio cuando está fuera, y le llenan de angustia cuando vuelve a casa.
Las mujeres así no son una ayuda idónea, sino un tormento para aquellos que las han hecho hueso de sus huesos y carne de su carne.
El hombre puede recuperarse de la fiebre en unas pocas semanas; pero la desgracia de esta enfermedad viviente es que, a menos que la gracia del Todopoderoso fabrique una cura poco frecuente, hará presa de los huesos y del ánimo del hombre hasta que la muerte de uno de los esposos alivie los dolores.
Entonces, los que tengan que elegir esposa han de ser conscientes de que el hombre debe ser la gloria de Cristo, como la mujer es gloria del hombre; que “[…] la mujer prudente viene del Señor” (Pr. 19:14); y que les conviene, pues, a fin de vivir para alabanza de Cristo, tomar la resolución de casarse solamente en el Señor y buscar este precioso regalo de parte suya en humilde oración.
Las esposas deben reflexionar seriamente para ver si anhelan la felicidad y el honor de sus maridos, o su desgracia y tristeza; y sopesar qué es mejor para la mujer: acabar siendo una ayuda idónea para gozo de su marido y una corona para su cabeza, o una plaga viviente y un incendio que consuma sus entrañas.

Continuaremos con el comentario del también puritano John Gill[2]:
Una mujer virtuosa es corona de su marido… una que es amorosa y casta, constante y fiel, servicial y sumisa a él; ella es diligente en los asuntos de su casa, cuida a su familia, cría a sus hijos y mantiene un buen orden y decoro entre sus empleados; ella es honor y mérito para su marido.
Tal es la iglesia de Cristo, la cual es comparada con una mujer (Ap. 12:1) pura y casta, cuyos miembros son vírgenes, no contaminados con las corrupciones, errores y supersticiones de la iglesia apóstata.
Una mujer de fortaleza y valor, como significa la palabra usada, resiste el pecado, la tentación, el error, la herejía y la idolatría.
Pero la mujer que avergüenza, hace que su esposo se abochorne, debido a la frivolidad y desenfreno de ella,  a su negligencia y pereza; de tal manera que él se avergüenza de que lo vean con ella, o de que se sepa que él es su marido.
Ella es como podredumbre en sus huesos; un dolor constante en su mente, una presión sobre sus espíritus, una debilidad para sus cuerpos y el consumo de sus fuerzas.
Ella es, según dice el Targum, “como un gusano en la madera” el cual pudre y consume.

Ahora el comentario original de Matthew Henry:
El que es bendecido con una buena esposa es tan feliz como si estuviera en el trono, porque ella no es menos que una corona para él.
Una mujer virtuosa, piadosa y prudente, ingeniosa y trabajadora, activa por el bienestar de su familia, que busca el bien de su hogar; que toma conciencia de su deber en cada relación, que es capaz de llevar cruces sin perturbarse, como en algunas ocasiones puede ser el marido para su cabeza; ella es una corona para él, no sólo como un adorno de mérito y honor; sino que ella lo apoya a él en la preservación y el mantenimiento de su autoridad en la familia, así como una corona es símbolo de poder.
Ella es sumisa y fiel a él, y con su ejemplo enseña a sus hijos y empleados a serlo también.
Pero, por el contrario, el que está atormentado con una mala esposa es tan miserable como si estuviera en el estiércol; porque ella no es mejor que la podredumbre en sus huesos, una enfermedad incurable, y, además de esto, le causa vergüenza al esposo.

Aplicaciones:
Hermana, el Señor te ha dado el privilegio de ser corona para tu marido, no te conviertas en un cáncer para sus huesos. Ora por él, ámalo, sujétate a él a pesar de lo difícil que pueda ser.
Que tu marido pueda encontrar en ti refugio de paz en medio de las muchas luchas que debe enfrentar en el mundo para encontrar el sustento tuyo y de tus hijos.
Inclina tu corazón delante del Señor y pídele perdón porque en muchas ocasiones no has sido corona, sino una enfermedad para sus huesos. Encontrarás el perdón que solo Jesús puede dar por su sacrificio en cruz.
Acude al Trono de la Gracia buscando la fuerza que solo Él te puede dar, de manera que hacia ti fluya una fuente constante de gracia y sabiduría para ser la ayuda que tu marido necesita.


[1] Lawson, George. Comentario a Proverbios. Páginas 228-229
[2] Gill, John. Commentary in Proverbs. Extraído de https://www.studylight.org/commentaries/geb/proverbs-12.html Traducción y adaptación: Julio C. Benítez