La esposa prudente: Herencia preciosa
del Señor
“La casa y las riquezas son herencia de los
padres; mas de Jehová la mujer prudente” (Prov. 19:14).
Aunque
Dios es el dueño de todas las cosas, y toda buena dádiva procede de él, los padres son los responsables en dejar
herencia a sus hijos. Con su trabajo, esfuerzo, ahorro, buena administración;
todos los bienes que los padres acumulan, generalmente, llegan a ser posesión
de los hijos.
No obstante,
dice el sabio proverbista, hay un bien sublime que algunos hombres obtienen,
pero no por herencia de los padres, sino por la Providencia divina: la mujer o la esposa prudente. La
prudente “esposa no se hereda; se la encuentra en el lugar y el momento que
Dios dispone"[1].
Por lo
tanto, todo varón que desea casarse en el Señor, debe hacer suya la oración
constante para que la Providencia le otorgue una esposa con esta
característica. Pues, una mujer así, es real ayuda idónea y complemento
perfecto para el hombre de Dios.
Cuando
un hombre encomienda con sinceridad su búsqueda de esposa al Señor, y la halla,
de esta relación podrá decirse lo mismo que Génesis 24:50 dice de Isaas y
Rebeca: “De Jehová ha salido esto”. El
matrimonio contó con la bendición del cielo. Otro ejemplo se puede ver en Rut
la moabita, quien, contrario a toda probabilidad humana, llegó a ser no sólo
una esposa prudente y sabia para Booz, sino que fue de gran bendición para su
suegra Noemí.
El puritano
George Lawson describe a esta clase de esposa diciendo que “la prudencia no
solo incluye su habilidad en el gobierno de los asuntos domésticos, sino
también el buen sentido que la convierte en una compañera agradable y la mueve
a comportarse de tal forma que haga feliz a su marido en la relación. Si a
estas cualidades se añade la piedad, la mujer resulta una bendición mucho más
grande que cualquiera de las posesiones que los padres puedan legarnos”[2]. Una esposa prudente
también instruye a sus hijos con sabiduría, y los encamina por las sendas del
Señor.
Vemos
las bondades del Señor cuando nos permite recibir bienes materiales de nuestros
padres; pero, estos regalos solo pueden hacer la vida terrena más cómoda, con
muchas limitaciones; pero el contar con una mujer prudente es una bendición
inusual y muy especial para cualquier esposo cristiano, “porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”
(Prov. 31:10).
Sigue
diciendo Lawson:
“El
que halla esposa tiene motivos para dar gracias a Dios. Pero aquel que halla
una buena esposa tiene multitud de motivos para estar agradecido. Fue Dios
quien puso la prudencia en esa mujer, quien hizo que él la conociera, quien le
dispuso a escogerla por esposa y quien impulsó a la mujer a decidirse a acceder
a los deseos del hombre.
Cuando
recibimos un regalo valioso de parte de un amigo, la gratitud nos fuerza a
utilizarlo conforme a la voluntad del que nos lo dio. Si la esposa es un
valioso regalo que viene de Dios, el marido está obligado a tratarla con todo
ese respeto y toda esa bondad que el Señor exige. Cualquiera que sea la
reputación que merezca la esposa, Dios ordena a su marido que la ame, pero
cuando la esposa es prudente, el marido no tiene excusa para no demostrarle el
cariño más tierno.
Si
deseas encontrar esposa, debes reconocer a Dios con las súplicas más sinceras;
porque solo Él conoce los corazones de los hombres y de las mujeres, y ejerce
una influencia soberana sobre sus sentimientos. Pero no oses afrentar a Dios
pretendiendo hallar una esposa que venga de Él sin buscar en ella prudencia,
antes que casas o tierras; porque Dios declara que la esposa prudente es un don
mucho más valioso que esas cosas que son de tanta estima para la mayoría de los
hombres. Cuando los hijos desean casarse, no pueden esperar la aprobación de
sus padres si hacen una elección totalmente opuesta a la opinión de ellos; ¿y
cómo podemos esperar nosotros que nuestro Padre celestial derrama su bendición
en propósitos contrarios a su voluntad declarada”[3].
Indudablemente,
el gran principio que podemos extraer de este pasaje es que el hombre creyente
debe buscar la dirección divina a la hora de encontrar esposa. Sin la búsqueda
de esta dirección, el hombre está destinado a arruinar su propia vida.
Ejemplo
de esto es Sansón, quien se casó una mujer totalmente opuesta a la prudencia, y
su fin fue desastroso. Ananías, quien siendo mentiroso, se casó con Safira, una
mujer de su misma calaña, la cual, si hubiese sido prudente, le hubiera ayudado
a mortificar su pecado.
Pero,
siendo que me dirijo en especial a las mujeres: ¿Cuál es el principio
fundamental para tu vida que podemos extraer de este pasaje? Hermana, cultiva
la prudencia. Administra bien tu tiempo, crece en sabiduría divina meditando
más en la Palabra de Dios, controla tu lengua, no te apresures en el juicio, sé
misericordiosa, afable y apacible; sé hacendosa, laboriosa y ahorradora. Creciendo
en estas virtudes, podrás ser considerada un regalo precioso del Señor para tu
esposo.
No te
cubras de aquellos artilugios que terminan confundiendo tanto a los hombres
incautos, los cuales, al verte esculpida por la modista, el peluquero, el
joyero y el maquillador; creen haberse encontrado con una hija de Sara o de
Rebeca o de la virgen María; cuando, en realidad, no es más que pura fantasía,
la cual se oxida, como abalorio sin valor, cuando es sometida a las
dificultades del matrimonio.
[1]
Henry, Matthew. Comentario Bíblico. Página 689
[2]
Lawson, George. Comentario a Proverbios. Página 467
[3] Lawson,
George. Comentario a Proverbios. Página 467

