martes, 16 de abril de 2019

Esposas- Corona o cáncer


Esposas: Corona o cáncer





Esposas: Corona o cáncer

La mujer virtuosa es corona de su marido; mas la mala, como carcoma en sus huesos” (Prov. 12:4).

La Biblia dice que el que haya esposa halla el bien y alcanza la benevolencia de Jehová (Prov. 18:22), pues, fue Dios mismo quien dijo que no es bueno para el hombre estar solo, por lo tanto, él le hizo ayuda idónea.
No obstante, cuando esta mujer, que debe ser ayuda idónea, a causa de sus propios pecados y concupiscencias, se convierte en una mala mujer, es decir, en vez de ayudar a cumplir el propósito divino para el matrimonio se convierte en un estorbo y fuente de contiendas, es comparada con un cáncer, con la lepra o con una enfermedad que causa podredumbre.
Quisiera compartir con ustedes algunos comentarios de este pasaje que serán de gran bendición para toda mujer que ama al Señor y desea crecer en virtud:

Empezaremos con el puritano George Lawson[1].

“La mujer virtuosa teme al Señor, respeta a su marido, gobierna su casa con prudencia y cuidado, se muestra caritativa con los pobres y trata a los demás con amabilidad.
¿Con qué compararemos a una mujer como esta? ¿La asemejaremos a un brazalete, o diremos que es un collar de oro para su marido? Tales comparaciones la dejarían por debajo de su valor.
Ella le hace tan feliz como un rey, y le procura tanto respeto y honor que merece que la comparen con ese ornamento real que se ciñe a la cabeza de los monarcas.
Para su marido, ella es una corona adornada con esas encantadoras virtudes que brillan con un resplandor más radiante que los diamantes de Oriente.
Ella es salud para los huesos de su marido, porque al contemplar su afable comportamiento, y el placer de su compañía siempre le inunda esa alegría que tiene el mismo efecto que una medicina.
Pero la mujer que carece de virtudes avergüenza a su marido y es “como podredumbre en sus huesos”. Su mal genio o su comportamiento apasionado, sus gastos desmesurados o su avaricia sórdida, la ligereza de su conversación o sus vicios escandalosos, (sus celos, su mal genio, sus constantes sospechas o acusaciones) le hacen a él objeto de lástima y desprecio cuando está fuera, y le llenan de angustia cuando vuelve a casa.
Las mujeres así no son una ayuda idónea, sino un tormento para aquellos que las han hecho hueso de sus huesos y carne de su carne.
El hombre puede recuperarse de la fiebre en unas pocas semanas; pero la desgracia de esta enfermedad viviente es que, a menos que la gracia del Todopoderoso fabrique una cura poco frecuente, hará presa de los huesos y del ánimo del hombre hasta que la muerte de uno de los esposos alivie los dolores.
Entonces, los que tengan que elegir esposa han de ser conscientes de que el hombre debe ser la gloria de Cristo, como la mujer es gloria del hombre; que “[…] la mujer prudente viene del Señor” (Pr. 19:14); y que les conviene, pues, a fin de vivir para alabanza de Cristo, tomar la resolución de casarse solamente en el Señor y buscar este precioso regalo de parte suya en humilde oración.
Las esposas deben reflexionar seriamente para ver si anhelan la felicidad y el honor de sus maridos, o su desgracia y tristeza; y sopesar qué es mejor para la mujer: acabar siendo una ayuda idónea para gozo de su marido y una corona para su cabeza, o una plaga viviente y un incendio que consuma sus entrañas.

Continuaremos con el comentario del también puritano John Gill[2]:
Una mujer virtuosa es corona de su marido… una que es amorosa y casta, constante y fiel, servicial y sumisa a él; ella es diligente en los asuntos de su casa, cuida a su familia, cría a sus hijos y mantiene un buen orden y decoro entre sus empleados; ella es honor y mérito para su marido.
Tal es la iglesia de Cristo, la cual es comparada con una mujer (Ap. 12:1) pura y casta, cuyos miembros son vírgenes, no contaminados con las corrupciones, errores y supersticiones de la iglesia apóstata.
Una mujer de fortaleza y valor, como significa la palabra usada, resiste el pecado, la tentación, el error, la herejía y la idolatría.
Pero la mujer que avergüenza, hace que su esposo se abochorne, debido a la frivolidad y desenfreno de ella,  a su negligencia y pereza; de tal manera que él se avergüenza de que lo vean con ella, o de que se sepa que él es su marido.
Ella es como podredumbre en sus huesos; un dolor constante en su mente, una presión sobre sus espíritus, una debilidad para sus cuerpos y el consumo de sus fuerzas.
Ella es, según dice el Targum, “como un gusano en la madera” el cual pudre y consume.

Ahora el comentario original de Matthew Henry:
El que es bendecido con una buena esposa es tan feliz como si estuviera en el trono, porque ella no es menos que una corona para él.
Una mujer virtuosa, piadosa y prudente, ingeniosa y trabajadora, activa por el bienestar de su familia, que busca el bien de su hogar; que toma conciencia de su deber en cada relación, que es capaz de llevar cruces sin perturbarse, como en algunas ocasiones puede ser el marido para su cabeza; ella es una corona para él, no sólo como un adorno de mérito y honor; sino que ella lo apoya a él en la preservación y el mantenimiento de su autoridad en la familia, así como una corona es símbolo de poder.
Ella es sumisa y fiel a él, y con su ejemplo enseña a sus hijos y empleados a serlo también.
Pero, por el contrario, el que está atormentado con una mala esposa es tan miserable como si estuviera en el estiércol; porque ella no es mejor que la podredumbre en sus huesos, una enfermedad incurable, y, además de esto, le causa vergüenza al esposo.

Aplicaciones:
Hermana, el Señor te ha dado el privilegio de ser corona para tu marido, no te conviertas en un cáncer para sus huesos. Ora por él, ámalo, sujétate a él a pesar de lo difícil que pueda ser.
Que tu marido pueda encontrar en ti refugio de paz en medio de las muchas luchas que debe enfrentar en el mundo para encontrar el sustento tuyo y de tus hijos.
Inclina tu corazón delante del Señor y pídele perdón porque en muchas ocasiones no has sido corona, sino una enfermedad para sus huesos. Encontrarás el perdón que solo Jesús puede dar por su sacrificio en cruz.
Acude al Trono de la Gracia buscando la fuerza que solo Él te puede dar, de manera que hacia ti fluya una fuente constante de gracia y sabiduría para ser la ayuda que tu marido necesita.


[1] Lawson, George. Comentario a Proverbios. Páginas 228-229
[2] Gill, John. Commentary in Proverbs. Extraído de https://www.studylight.org/commentaries/geb/proverbs-12.html Traducción y adaptación: Julio C. Benítez

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